Un reciente estudio de la Universidad Northeastern ha revelado que el ejercicio agudo, como una caminata rápida de 20 minutos, puede tener un impacto positivo en la cognición de los niños. Este trabajo, dirigido por el profesor Charles Hillman, destaca la relación entre la actividad física y la función cerebral, sugiriendo que el sistema nervioso que regula la respuesta de lucha o huida podría ser clave en este proceso.
El vínculo entre ejercicio y función cognitiva
Durante más de dos décadas, Hillman y su equipo han demostrado que una dosis única de ejercicio puede beneficiar la cognición. Sin embargo, este estudio marca un avance al intentar comprender los mecanismos subyacentes a esta relación, especialmente en niños. Los investigadores encontraron que el ejercicio breve no solo mejora la atención, sino que también puede influir en la producción de norepinefrina, un neurotransmisor relacionado con la respuesta de lucha o huida.
Metodología del estudio
El estudio incluyó a 104 niños de 9 y 10 años, quienes participaron en diversas pruebas que medían su actividad cerebral y niveles de alfa-amilasa salival (sAA), un indicador de la producción de norepinefrina. Los niños fueron sometidos a un test de estrés activo mediante una caminata en la cinta, un test de estrés psicosocial que involucraba matemáticas y oratoria, y un control en reposo. Se utilizó un electroencefalograma para medir la actividad cerebral antes y después de cada intervención.
Resultados y conclusiones
Los resultados mostraron que los niveles de sAA aumentaron ligeramente después del ejercicio, lo que sugiere una activación del sistema de respuesta de lucha o huida. Sin embargo, posteriormente, los niveles de sAA disminuyeron por debajo de los niveles iniciales, indicando una recalibración del sistema de estrés. Este fenómeno se asoció con una mayor consistencia y precisión en las pruebas cognitivas, lo que sugiere que el ejercicio puede ayudar a los niños a concentrarse mejor.
Por otro lado, el cortisol, una hormona del estrés, solo aumentó en respuesta al estrés psicosocial, no al ejercicio. Hillman explicó que un menor nivel de cortisol puede facilitar una mejor modulación de la función cerebral, mientras que un sistema ya estresado podría no beneficiarse de un ejercicio adicional.
Implicaciones para la salud infantil
Estos hallazgos refuerzan la necesidad de que los niños tengan oportunidades regulares para la actividad física, no solo para su salud física, sino también para su desarrollo cognitivo. Aunque los investigadores no estudiaron a adultos, Hillman sugirió que el sistema de norepinefrina podría tener un funcionamiento similar en personas mayores.
La investigación también plantea preguntas sobre la mejor manera de integrar el ejercicio en la rutina de los niños, especialmente en contextos académicos. Si bien se sugiere que el ejercicio puede ser beneficioso antes de una prueba, los investigadores advierten que no se puede garantizar una mejora en las calificaciones, ya que esto depende de otros factores como la preparación previa.
En conclusión, el estudio subraya la importancia de la actividad física en la infancia y su potencial para mejorar la atención y la función cognitiva, abriendo nuevas vías para futuras investigaciones en el campo de la salud mental y el desarrollo infantil.
Fuente: Información elaborada a partir de la publicación original.