Un nuevo estudio de la Universidad Northwestern ha revelado que el uso prolongado de opioides no mejora el dolor ni la funcionalidad en pacientes que sufren de dolor crónico de espalda. La investigación, que comparó a 70 pacientes que han estado utilizando opioides durante años con otros 70 que no los consumen, encontró que ambos grupos reportaban niveles de dolor similares.
Resultados del estudio
Los participantes que tomaron opioides diariamente durante un promedio de 7.8 años presentaron un nivel de dolor de aproximadamente 5.4 en una escala de 10 puntos, lo que es comparable al grupo que no usaba opioides. Sin embargo, aquellos que consumieron opioides mostraron resultados ligeramente peores en cuanto a función física y salud mental.
El estudio, publicado el 1 de octubre en la revista Brain, también reveló diferencias significativas en la actividad cerebral entre los dos grupos. Utilizando resonancias magnéticas funcionales, los investigadores observaron que la anatomía cerebral no había cambiado significativamente en los usuarios de opioides, pero sí encontraron diferencias en la actividad cerebral espontánea, especialmente en redes relacionadas con la recompensa y la toma de decisiones.
Implicaciones para el tratamiento del dolor crónico
El autor principal del estudio, A. Vania Apkarian, director del Centro de Investigación en Dolor Translacional de la Facultad de Medicina Feinberg de Northwestern, destacó que, a pesar de que el grupo de opioides no mostró mejoras, tampoco se observaron deterioros significativos en su salud mental o propiedades psicológicas. "Eso es una buena noticia porque hay un temor generalizado de que el uso de opiáceos cause daños cerebrales", comentó Apkarian.
Sin embargo, enfatizó que la falta de mejora en el dolor es preocupante. Aproximadamente 5 millones de adultos en Estados Unidos utilizan opioides recetados para manejar el dolor crónico, y es fundamental que se exploren alternativas más efectivas.
Nuevas direcciones en la investigación
Los investigadores planean probar un antidepresivo que actúa sobre la misma vía molecular de serotonina identificada en el estudio, con la esperanza de que pueda ayudar a tratar tanto el dolor crónico como la dependencia de opioides. Además, se identificaron nuevos marcadores moleculares que podrían guiar el desarrollo de tratamientos alternativos.
En una parte adicional del estudio, se observó a 21 pacientes que completaron un programa de rehabilitación del dolor de cuatro semanas. De estos, ocho lograron reducir su uso de opioides en más del 30%, y sus cambios en la actividad cerebral coincidieron con los receptores de serotonina y opioides, lo que sugiere que estos marcadores moleculares pueden ser útiles para guiar nuevos tratamientos.
Este estudio representa un avance significativo en la comprensión de cómo el uso prolongado de opioides afecta a los pacientes con dolor crónico y abre la puerta a nuevas estrategias terapéuticas que podrían mejorar la calidad de vida de millones de personas.
Fuente: Información elaborada a partir de la publicación original.