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Viviendas en riesgo en Santo Domingo: un desafío estructural y social

Las viviendas en el Gran Santo Domingo, muchas de ellas construidas en terrenos inestables, representan un grave riesgo para sus habitantes. Expertos advierten sobre la necesidad de una regulación adecuada y un registro de edificaciones para mitigar los peligros asociados a estas construcciones.

Viviendas en riesgo en Santo Domingo: un desafío estructural y social

En el Gran Santo Domingo, un fenómeno preocupante se ha vuelto común: viviendas que parecen desafiar la gravedad, construidas sobre laderas y farallones, muchas veces sostenidas por delgadas columnas. Estas estructuras, levantadas en terrenos de alto riesgo, no solo representan un peligro inminente para sus ocupantes, sino que también reflejan un problema más amplio de planificación urbana y migración interna.

Construcción en terrenos vulnerables

Las casas en barrios como Los Ríos, Cristo Rey y Capotillo son un claro ejemplo de la búsqueda desesperada de espacio en una ciudad donde el suelo urbanizado es cada vez más escaso y costoso. Muchas familias han optado por construir en terrenos inclinados o cerca de cañadas, lo que aumenta su vulnerabilidad a deslizamientos de tierra y otros desastres naturales.

El arquitecto y urbanista Erick Dorrejo señala que esta situación es el resultado de un proceso migratorio hacia los centros urbanos, donde las personas buscan refugio y oportunidades laborales. Sin embargo, muchas de estas construcciones se realizan sin la supervisión adecuada, lo que agrava el problema de la seguridad estructural.

Impacto de la migración y la autoconstrucción

Desde finales de los años 70, la República Dominicana ha experimentado un fuerte flujo de migración desde áreas rurales hacia las ciudades, impulsado por la búsqueda de empleo en sectores como la industria y los servicios. Esta migración ha llevado a un crecimiento urbano acelerado, pero sin el correspondiente desarrollo de infraestructura y servicios.

Ricardo González Camacho, director de la Asociación Ciudad Alternativa, explica que muchas familias se ven obligadas a ocupar espacios vulnerables, como orillas de ríos y terrenos inundables, debido a la falta de opciones de vivienda formal. La autoconstrucción se ha convertido en la norma, donde las familias levantan sus hogares poco a poco, a menudo sin considerar las condiciones del terreno.

La necesidad de regulación y planificación

Los expertos coinciden en que la solución a este problema no solo implica la construcción de nuevas viviendas, sino también la mejora de las existentes y la intervención en los entornos vulnerables. Dorrejo propone la creación de un registro de edificaciones que permita identificar las viviendas en riesgo y establecer un mapa de las construcciones existentes.

Este registro ayudaría a determinar cuáles viviendas están en zonas peligrosas y cuáles cumplen con los requisitos de seguridad. La falta de regulación y supervisión ha permitido que muchas edificaciones se levanten sin los estudios necesarios, lo que pone en riesgo a sus habitantes, especialmente en un país con alta actividad sísmica.

Desafíos para la reubicación de familias

Un aspecto crítico de esta problemática es la resistencia de las familias a abandonar sus hogares, a menudo por lazos económicos y sociales que han construido en sus comunidades. González Camacho advierte que una reubicación mal planificada puede generar nuevas dificultades, como el aumento de gastos de transporte y la pérdida de empleos.

Las viviendas en riesgo en Santo Domingo son más que simples estructuras; son el reflejo de un sistema que ha fallado en proporcionar soluciones habitacionales adecuadas. La combinación de migración, autoconstrucción y falta de planificación ha creado un escenario donde muchas familias viven al borde del peligro.

El desafío no solo radica en prevenir futuras construcciones en terrenos peligrosos, sino también en encontrar soluciones viables para las familias que ya residen en estas áreas vulnerables. Mientras las decisiones se posponen, las casas continúan creciendo, desafiando no solo la gravedad, sino también la capacidad de las autoridades para abordar esta crisis habitacional.

Fuente: Información elaborada a partir de la publicación original.