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Investigación en Portugal busca almacenar energía renovable en rocas del subsuelo

Científicos de la Universidad NOVA de Lisboa y el Instituto Dom Luiz proponen una innovadora solución para almacenar energía renovable utilizando formaciones rocosas. Este método podría ayudar a gestionar el excedente de electricidad generada por fuentes renovables, especialmente en momentos de baja demanda.

Investigación en Portugal busca almacenar energía renovable en rocas del subsuelo

La transición hacia energías renovables presenta varios desafíos, entre ellos, la gestión del excedente de electricidad que no puede ser consumido ni almacenado de manera convencional. En este contexto, un grupo de científicos de la Universidad NOVA de Lisboa y el Instituto Dom Luiz de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Lisboa ha iniciado una investigación que propone una solución innovadora: utilizar las rocas del subsuelo como una gigantesca batería para almacenar energía.

La propuesta de almacenamiento subterráneo

El estudio, publicado en la revista científica Geoenergy, investiga la capacidad de las rocas porosas para almacenar energía. Los investigadores han encontrado que, a profundidades específicas y bajo ciertas condiciones, estas formaciones rocosas pueden acumular suficiente energía para abastecer a una ciudad mediana durante un tiempo considerable.

La idea consiste en inyectar aire comprimido en formaciones rocosas porosas localizadas entre 500 y 3,000 metros de profundidad. Estas rocas poseen pequeños espacios entre sus granos que pueden actuar como una esponja, atrapando el aire a presión tras desplazar el agua salada que ocupa esos poros de forma natural.

Ventajas del almacenamiento de aire comprimido

A diferencia de otros métodos que utilizan hidrógeno, el almacenamiento de aire comprimido presenta menos riesgos, ya que no involucra gases inflamables. Además, al no depender del dióxido de carbono como medio de almacenamiento, se evitan las complicaciones asociadas a otras tecnologías.

Cuando se requiere utilizar la energía almacenada, el aire comprimido es extraído a la superficie a través de un pozo. Al expandirse, este aire mueve turbinas que generan electricidad, funcionando de manera similar a una central eléctrica convencional, pero sin necesidad de combustible.

Capacidad de almacenamiento y potencial

Según los resultados del estudio, este sistema podría alcanzar una capacidad de almacenamiento de hasta 1 TWh en escenarios que consideran formaciones a 3,000 metros de profundidad. Esta cantidad es suficiente para abastecer a varias ciudades medianas en Portugal. Ricardo Pereira, investigador de GeoBioTec en la Escuela de Ciencia y Tecnología NOVA de Lisboa, destaca que estos resultados ayudan a visualizar el potencial máximo del proceso, aunque se deben considerar las condiciones óptimas para su implementación.

Desafíos en la transición energética

Las fuentes de energía renovable, como la solar y la eólica, tienen un gran potencial, especialmente en regiones con abundantes recursos como la Península Ibérica. Sin embargo, su producción no siempre coincide con los momentos de mayor demanda, lo que resalta la necesidad de sistemas que puedan almacenar o gestionar el excedente de energía. Pereira señala que uno de los principales problemas de la transición energética es la creciente disponibilidad de energía de fuentes renovables que no puede ser almacenada.

Características del sistema propuesto

Una de las características más interesantes de este proyecto es que el sistema puede funcionar con un black start o arranque en negro, lo que significa que puede iniciarse sin depender de la red eléctrica. Pereira explica que el aire comprimido permite un arranque casi inmediato, lo que contribuye a estabilizar la red eléctrica, incluso en situaciones de emergencia como apagones.

Perspectivas futuras y regulaciones necesarias

A pesar del potencial prometedor de esta investigación, el proyecto aún se encuentra en una fase temprana y lejos de su implementación comercial. Pereira estima que la puesta en marcha de un sistema como el propuesto podría tardar entre cinco y diez años, dado que se requiere realizar un estudio geológico y perforar los pozos necesarios antes de lanzar un piloto y comenzar las operaciones.

Además, será fundamental desarrollar un marco regulatorio específico para esta tecnología, similar al que existe para otras formas de almacenamiento subterráneo. Actualmente, el almacenamiento de aire comprimido enfrenta cuestiones regulatorias que deben resolverse antes de su despliegue a gran escala.

En conclusión, la investigación llevada a cabo por estos científicos portugueses representa un paso significativo hacia la solución de uno de los grandes retos de la transición energética, ofreciendo una alternativa viable para el almacenamiento de energía renovable y la gestión del excedente eléctrico.

Fuente: Xataka