Recuperan la historia de la fauna cautiva en la antigua Tenochtitlan
Un equipo de arqueólogos mexicanos ha comenzado a revelar los secretos de un vivario que existió en el corazón de Tenochtitlan, la capital mexica.
En el hogar del emperador Moctezuma II, se encontraban animales de toda la región, cuidados por cientos de hombres.
A través de los siglos, este lugar ha dejado impresionados a muchos, incluyendo a Hernán Cortés, quien detalló su asombro por su majestuosidad.
Los estudios actuales están proporcionando detalles sobre su funcionamiento y su importante significado cultural, más allá del simple entretenimiento.
Un vivario de poder y entendimiento
Los animales presentes en este espacio no solo eran una atracción visual. Según los arqueólogos, eran parte fundamental de la comprensión del universo para los mexicas.
“Les permitía entender el mundo, eran parte de mitos de creación”, señala el arqueólogo Israel Elizalde Mendez.
Los animales aportaban también simbología de poder y fuerza a sus cuidadores. Se les atribuían poderes mágicos, lo que confirma su rol crucial en la cosmovisión mexica.
El vivario disponía de estanques que albergaban peces y aves acuáticas. En recintos específicos, se encontraban especies como jaguares, lobos y pumas.
Grandes jaulas albergaban aves exóticas, como guacamayas y águilas, provenientes de diversas partes del imperio.
Los relatos de la conquista
En sus crónicas, Hernán Cortés menciona la existencia de este vivario, donde animales eran cuidadosamente alimentados y atendidos.
Los textos históricos indican que era un lugar diseñado para el deleite del emperador y su corte.
Diferentes reportes documentales, incluyendo el mapa de Núremberg, corroboran su existencia y ubicación, cercana al actual Palacio Nacional.
Sin embargo, la búsqueda de evidencias arqueológicas del vivario continúa planteando desafíos.
Un gran enigma por resolver
Menos de un año después de la llegada de Cortés, Tenochtitlan fue arrasada. A pesar de ello, la ciudad moderna oculta vestigios de su pasado.
Las excavaciones en la actualidad han sido limitadas, especialmente bajo edificios como la Torre Latinoamericana.
“Gracias a las construcciones españolas, muchos restos han quedado resguardados en el subsuelo”, concluye Elizalde.
El trabajo del Proyecto del Templo Mayor, iniciado en 1978, ha revelado importantes hallazgos sobre la rica biodiversidad que existía en la cultura mexica.
A medida que avanzan las investigaciones, el interés por comprender la relación entre los mexicas y su entorno animal continúa creciendo.
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