En el marco del ejercicio multinacional Pacific Dragon, un oficial de la Armada australiana, el teniente Nicholas Newton, hizo un descubrimiento notable al embarcarse en la fragata española Álvaro de Bazán. Durante su misión, que consistía en trabajar como oficial de operaciones en el equipo de mando estadounidense, Newton se dio cuenta de que la estructura de la fragata era prácticamente idéntica a la de su propio destructor, el HMAS Sydney.
Un diseño compartido a miles de kilómetros
La similitud entre ambos buques se debe a la influencia del diseño de las fragatas españolas F-100, desarrolladas por Navantia en Ferrol. Australia adoptó esta arquitectura para construir su clase de destructores Hobart, que incluye al HMAS Sydney, el cual entró en servicio en mayo de 2020. Este hecho resalta cómo la ingeniería naval española ha impactado en la renovación de la flota de guerra australiana.
Diferencias operativas y culturales
A pesar de las similitudes estructurales, Newton observó que las fragatas y destructores no son idénticos en capacidades y equipamiento. Por ejemplo, los destructores Hobart están equipados con el sistema de combate Aegis, que permite integrar información de radares y armas para detectar y enfrentar amenazas aéreas. Además, el Sydney cuenta con misiles antibuque, torpedos y capacidad para operar helicópteros, lo que lo diferencia de la fragata española.
Newton también notó diferencias en la organización y cultura a bordo. La tripulación española tenía horarios y procedimientos distintos, además de un ambiente más relajado, que incluía barbacoas en la cubierta de vuelo y música, lo que contrastaba con la rutina de su propia marina.
Coordinación en tiempos de crisis
La estancia del teniente Newton en la Álvaro de Bazán se tornó crucial durante una situación de emergencia. Tras completar los ejercicios de defensa antimisiles, los siete barcos participantes en el ejercicio debían abandonar la zona debido a la aproximación de un huracán con vientos de hasta 121 kilómetros por hora. Newton ayudó a coordinar el repostaje de combustible desde la fragata, facilitando que todos los buques se dirigieran a zonas seguras antes de la tormenta.
Un legado de colaboración internacional
La experiencia de Newton no solo resalta el parentesco entre los buques de guerra de Australia y España, sino que también ilustra el alcance internacional de un programa naval que comenzó en los astilleros de Ferrol. Las fragatas F-100 han proporcionado a Australia una base sólida para sus destructores, adaptando un diseño existente a sus necesidades operativas y estratégicas.
Este tipo de colaboración entre naciones subraya la importancia de la ingeniería naval en la defensa moderna y cómo un diseño puede cruzar continentes, influyendo en las capacidades de diferentes marinas alrededor del mundo.
Fuente: Información elaborada a partir de la publicación original.