Un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Oxford ha arrojado luz sobre un aspecto poco considerado de la comida basura: la textura. A través de un experimento que involucró a voluntarios comiendo patatas Pringles mientras escuchaban un sonido modificado de su propia masticación, se demostró que la percepción del crujido podía influir en la experiencia de comer, haciéndola parecer un 15% más fresca y crujiente.
Este hallazgo resalta cómo factores externos pueden alterar nuestra experiencia alimentaria. La investigación se centra en lo que el científico de alimentos Steven Witherly denominó "densidad calórica evanescente", que se refiere a la estructura de los alimentos ultraprocesados que se desvanecen rápidamente en la boca, impidiendo que el cerebro registre el consumo de calorías de manera efectiva.
El diseño de los alimentos ultraprocesados
Para profundizar en esta teoría, el equipo liderado por el investigador Forde realizó un experimento con 41 adultos sanos. Durante dos semanas, los participantes siguieron dos dietas compuestas en un 95% por alimentos ultraprocesados. Aunque ambas dietas tenían el mismo contenido calórico y de raciones, la diferencia principal era la textura de los alimentos.
En la primera dieta, los alimentos eran de textura "evanescente", mientras que en la segunda, los participantes debían masticar más. Los resultados fueron sorprendentes: aquellos que consumieron la dieta de textura evanescente ingirieron un promedio de 117 gramos por minuto, en comparación con los 82 gramos por minuto de la otra dieta. Esto se traduce en un consumo de 2.671 calorías frente a 2.301, es decir, un aumento del 15% en la ingesta calórica.
La ciencia detrás de la saciedad
La investigación también sugiere que la saciedad está relacionada con el tiempo que los alimentos pasan en la boca. Según los científicos, los mecanorreceptores en la raíz de los dientes son responsables de codificar la fuerza y dirección de la mordida, lo que influye en la sensación de saciedad. Esto implica que los alimentos con una textura que se deshace rápidamente pueden llevar a un mayor consumo sin que los comensales sean plenamente conscientes de ello.
Implicaciones para la industria alimentaria
Estos hallazgos tienen importantes implicaciones para la industria alimentaria, que ha comenzado a enfocarse en la "sensación en boca" como un factor clave en el diseño de productos. Sin embargo, la falta de regulación en este ámbito plantea preocupaciones sobre la salud pública, especialmente considerando el aumento del consumo de alimentos ultraprocesados.
Aunque se han dado pasos hacia una mejor regulación, como la nueva ley de comedores escolares, muchos expertos consideran que aún queda mucho por hacer para abordar el problema del consumo excesivo de estos productos. La comprensión de cómo la textura influye en la ingesta de alimentos podría ser un paso crucial para desarrollar estrategias que promuevan hábitos alimenticios más saludables.
Fuente: Información elaborada a partir de la publicación original.