En un mundo donde la mayoría de la superficie terrestre está bajo la soberanía de algún país, surge la curiosidad sobre los pocos lugares que no pertenecen a nadie. La pregunta, planteada por un oyente de la BBC, ha llevado a explorar territorios que, por diversas razones, no están reclamados por ningún Estado.
La vasta extensión de alta mar
Antes de adentrarse en la tierra firme, es importante considerar que aproximadamente el 43% de la superficie del planeta está compuesta por alta mar, un área que se extiende más allá de las 200 millas náuticas de la costa de cualquier país. Según el derecho marítimo internacional, estas aguas son consideradas de uso común, permitiendo actividades como la pesca y la investigación científica.
Tierra de Marie Byrd: el mayor territorio sin dueño
En el continente antártico, se encuentra la Tierra de Marie Byrd, un vasto territorio de más de 1.6 millones de kilómetros cuadrados que no está reclamado por ningún país. Nombrado en honor a la esposa del explorador Richard Byrd, este territorio es notable no solo por su tamaño, sino también por su estatus. Desde la firma del Tratado Antártico en 1959, las reclamaciones territoriales en la Antártida han quedado congeladas, y aunque varios países han presentado reivindicaciones, la Tierra de Marie Byrd permanece fuera de sus pretensiones.
La lejanía de esta región, que se encuentra alejada de las costas de Sudamérica y Australia, contribuye a su falta de interés internacional. Sin embargo, se advierte que si se descubren recursos valiosos o si el cambio climático provoca el derretimiento de las capas de hielo, podría surgir una disputa sobre este territorio.
Bir Tawil y Gornja Siga: curiosidades geopolíticas
Más allá de la Antártida, existen otros dos casos de terra nullius que son fascinantes desde el punto de vista geopolítico. El primero es Bir Tawil, un pequeño territorio entre Egipto y Sudán que no es reclamado por ninguno de los dos países debido a un conflicto fronterizo. Este triángulo de tierra se ha convertido en un lugar de interés para algunos aventureros, como Jeremiah Heaton, quien en 2014 intentó reclamarlo como un nuevo país para que su hija fuera "princesa". Sin embargo, su intento no logró reconocimiento internacional.
El segundo caso es Gornja Siga, un pequeño terreno entre Croacia y Serbia. La frontera entre estos países, establecida después de la Segunda Guerra Mundial, se ha vuelto problemática debido a cambios en el curso del río Danubio. Ambos países reclaman el territorio, pero al hacerlo, tendrían que renunciar a áreas más valiosas, lo que ha llevado a que Gornja Siga permanezca sin dueño.
La micronación de Liberland
En 2015, el político checo Vít Jedlička fundó Liberland en Gornja Siga, proclamando su independencia y ofreciendo ciudadanía a cambio de una tarifa. Aunque su micronación ha atraído a un número considerable de "ciudadanos", la realidad es que cada intento de establecerse en el terreno ha sido frustrado por la policía croata, que considera el área como parte de su territorio. A pesar de ello, Liberland ha logrado convertirse en un fenómeno digital, aunque en el plano físico sigue siendo considerado terra nullius.
En conclusión, aunque el 43% de la superficie terrestre es agua y la tierra sin dueño representa menos del 0.3% de la superficie total, estos territorios no reclamados plantean preguntas sobre la soberanía y el futuro de la geopolítica. La historia de estos espacios vacíos nos recuerda que, incluso en un mundo altamente organizado, todavía quedan rincones donde la propiedad y la soberanía son conceptos fluidos.
Fuente: Información elaborada a partir de la publicación original.