En un curioso experimento que desafía las fronteras entre la ciencia y lo paranormal, un grupo de científicos del Grupo de Investigación Parapsicológica de Toronto, en los años 70, decidió crear un fantasma ficticio llamado Philip Aylesford. El objetivo era investigar si los fenómenos que ocurren durante las sesiones de espiritismo son el resultado de factores externos o de la influencia de los participantes.
La historia de Philip Aylesford
Para dar más credibilidad a su experimento, los investigadores elaboraron una narrativa en torno a Philip, un noble del siglo XVII que, tras una serie de infortunios amorosos y la ejecución de su amada, se suicidó. La historia, aunque ficticia, fue diseñada para emular el tipo de relatos que a menudo se compartían en las sesiones espiritistas de la época victoriana, donde la comunicación con los muertos era un tema popular entre la alta sociedad.
El fenómeno inesperado
Durante las primeras sesiones, el fantasma no mostró signos de comunicación. Sin embargo, a medida que los científicos comenzaron a recrear el ambiente de las sesiones espiritistas victorianas, incluyendo cánticos y charlas, comenzaron a experimentar fenómenos extraños. Las mesas empezaron a vibrar y a deslizarse, y eventualmente, Philip comenzó a comunicarse mediante golpes: uno para "sí" y dos para "no".
Teorías sobre la comunicación con el fantasma
La respuesta de los científicos ante este fenómeno fue variada. Uno de ellos, George Owen, sugirió que el experimento demostraba que cualquier persona podría desarrollar habilidades de psicoquinesis si se concentraba lo suficiente. Sin embargo, otros investigadores consideraron que el fenómeno podría explicarse a través del efecto ideomotor, que sugiere que los movimientos involuntarios pueden ser provocados por pensamientos o expectativas de los participantes.
El poder de la sugestión y la histeria colectiva
El efecto ideomotor ha sido utilizado para explicar muchos de los fenómenos observados en sesiones de espiritismo, donde las personas, influenciadas por la sugestión, pueden provocar movimientos de objetos sin darse cuenta. Este fenómeno se ha relacionado con casos de histeria colectiva, donde un grupo de personas experimenta síntomas similares sin una causa aparente, como ocurrió en la famosa epidemia de risa de Tanganica en 1962.
La combinación de sugestión y el efecto ideomotor podría haber sido la clave para la comunicación con Philip, lo que llevó a los científicos a concluir que, aunque el fantasma era un invento, la experiencia fue real y significativa para ellos. Así, el experimento no solo proporcionó un vistazo a la naturaleza de la percepción humana, sino que también permitió que el ficticio Philip Aylesford encontrara un grupo de amigos con quienes "hablar".
Fuente: Información elaborada a partir de la publicación original.