El embalse del Najerilla, ubicado en La Rioja, ha revelado las ruinas del antiguo pueblo de Mansilla de la Sierra, que fue sumergido en 1960. Este fenómeno ha permitido que muros, arcos de roca y el trazado de varias calles emerjan del agua, atrayendo la atención de visitantes y arqueólogos que buscan comprender la historia de este lugar.
Historia de un pueblo sumergido
El antiguo Mansilla de la Sierra, que se encontraba a unos 70 kilómetros de Logroño, fue desplazado cuando se construyó el embalse. En febrero de este año, el nivel del agua alcanzó casi el 89% de su capacidad, pero tras meses de sequía, el agua ha retrocedido, permitiendo que los restos del pueblo vuelvan a ser visibles. Este evento ha generado un interés renovado en la historia del lugar, que incluye la existencia de tres templos superpuestos y un edificio tardorromano, hallados por un equipo de arqueólogos que trabaja junto a la ermita de Santa Catalina, el único edificio que quedó en pie.
Impacto en la comunidad local
El alcalde de Mansilla de la Sierra, José Manuel Ballesteros, ha compartido que sus antepasados tuvieron que abandonar sus hogares rápidamente cuando el agua comenzó a inundar el pueblo. Antes de su desplazamiento, Mansilla era un próspero asentamiento ganadero con más de 10,000 cabezas de ganado y una población que llegó a alcanzar los 600 habitantes. Actualmente, solo quedan alrededor de 60 residentes en el nuevo pueblo, construido a dos kilómetros de la antigua ubicación.
La historia de la mudanza y el impacto en los habitantes ha sido documentada en el libro ‘Para no olvidar. Memorias de Mansilla de la Sierra’, que detalla el proceso de desplazamiento y las dificultades que enfrentaron los vecinos para recibir indemnizaciones. Este caso es parte de un fenómeno más amplio en España, donde cerca de 500 pueblos fueron sumergidos por embalses durante el siglo XX, afectando a unas 50,000 familias.
Un turismo de recuerdos
La aparición de las ruinas ha atraído a turistas que buscan revivir recuerdos de sus antepasados o explorar la historia del pueblo. Muchos de los visitantes son descendientes de los antiguos habitantes, quienes encuentran en las calles y edificios emergentes un homenaje a su pasado. Sin embargo, para los arqueólogos, el interés va más allá de la nostalgia; se trata de proteger y estudiar un patrimonio que ha estado en peligro por el paso del tiempo y el deterioro.
Las excavaciones han permitido catalogar 79 sepulturas y excavar 26, mientras que una contención de gaviones se ha instalado para proteger la necrópolis de las crecidas y el paso del ganado. Este esfuerzo busca que el yacimiento sirva a los propios mansillanos, ayudándoles a reconectar con un pasado que la presa había interrumpido.
Reflexiones sobre la memoria y la identidad
La resurgencia de Mansilla de la Sierra plantea preguntas profundas sobre la memoria y la identidad. Cuando el agua vuelva a subir, las calles y los recuerdos volverán a desaparecer, lo que lleva a cuestionar a quién pertenece un pueblo que ya no existe. Este fenómeno no solo es un recordatorio de la historia de un lugar, sino también una reflexión sobre la pérdida y la resiliencia de las comunidades afectadas por el desarrollo y la modernización.
La literatura también ha dejado su huella en Mansilla, ya que la escritora Ana María Matute pasó parte de su infancia en el pueblo y lo inmortalizó en sus cuentos, transformándolo en la Artámila de sus relatos. Su obra sigue siendo un testimonio de la vida en el pueblo y de la conexión emocional que muchos sienten hacia este lugar.
El antiguo pueblo de Mansilla de la Sierra, ahora visible gracias a la bajada del embalse, se convierte en un símbolo de la historia y la memoria colectiva de una comunidad que, aunque desplazada, sigue viva en el recuerdo de sus descendientes.
Fuente: Información elaborada a partir de la publicación original.