El accidente ferroviario ocurrido en Urda ha resultado en la trágica pérdida de al menos 69 vidas y más de 200 heridos, según la primera nota de la AITAT, la autoridad independiente encargada de investigar accidentes de transporte. Este incidente se produjo cuando un tren AVE de Renfe colisionó por detrás a un tren Iryo que se encontraba detenido, desatando una serie de fallos en el sistema de control que han suscitado inquietudes sobre la seguridad ferroviaria en España.
Detalles del accidente
La secuencia de eventos que llevaron a esta tragedia comenzó a las 7:54, cuando el Iryo 6076 partió de la estación de Atocha con 147 pasajeros a bordo. Diez minutos después, el AVE 02080, que transportaba cerca de 400 personas, inició su trayecto. A las 8:29, el AVE se acercaba a Mora a más de 200 km/h, con el sistema LZB operando normalmente para ambos trenes, lo que debería haber evitado que compartieran la misma vía.
Sin embargo, a las 8:31, el sistema LZB falló en un tramo de 63 kilómetros, lo que provocó que ambos trenes perdieran la transmisión. A partir de este momento, las señales laterales comenzaron a regular el tráfico, pero el Iryo y el AVE se encontraron en un mismo cantón de 29 kilómetros, lo que generó una situación de riesgo. El Iryo recibió una señal de “meta 40”, permitiéndole avanzar, mientras que el AVE recibió una indicación de “meta 000”, que indicaba que la vía estaba ocupada.
Errores en la comunicación
El maquinista del AVE, tras perder la transmisión, se comunicó con el centro de control de Atocha, donde se le indicó que continuara con marcha normal, una decisión que resultó ser crucial y errónea. Esta orden contradecía el protocolo que debería haberle instruido a avanzar a una velocidad que le permitiera detenerse ante cualquier obstáculo. En un giro adicional, otro maquinista en la misma línea también cuestionó la orden recibida, sugiriendo que debería ser marcha a la vista, lo que fue confirmado por el centro de control.
Hacia las 8:40, el centro de control se comunicó con la maquinista del Iryo, quien informaba que no podía reiniciar el sistema LZB. A pesar de que la señal estaba en verde, el Iryo permanecía detenido, lo que dejó a ambos trenes en una situación crítica. El AVE, que había reiniciado su marcha, avanzaba a gran velocidad sin advertencias de que había un tren detenido más adelante.
Consecuencias y preguntas sin respuesta
El AVE colisionó con el Iryo a una velocidad estimada entre 160 y 200 km/h, resultando en un descarrilamiento masivo y la muerte de decenas de personas. Este accidente no solo ha puesto de relieve la falta de mecanismos de seguridad adecuados en el sistema ferroviario, sino que también ha dejado abiertas numerosas preguntas sobre la efectividad de los protocolos de comunicación y control.
Los investigadores de la AITAT han señalado que la cadena de fallos, desde la caída del LZB hasta las órdenes del centro de control, contribuyó a la colisión. La situación plantea interrogantes sobre la frecuencia de las caídas del LZB, que han sido reportadas en 170 ocasiones este año, y la preparación del sistema para manejar tales incidentes sin poner en riesgo la vida de los pasajeros.
La reconstrucción de los eventos que llevaron a esta tragedia es provisional y se basa en datos de geolocalización, audios del centro de control y testimonios de los involucrados. A medida que avanza la investigación, se espera que se aclaren las causas del fallo del sistema y se implementen medidas para evitar que un accidente similar vuelva a ocurrir.
Fuente: Información elaborada a partir de la publicación original.